Teclas

miércoles, 8 de enero de 2014 - Publicado por Unknown en 16:13
Underwood 1 bis, por © Marta Pereyra

Escriben solas. Escriben cosas que parecen mías, pero que no recuerdo haber pensado ni sentido. Cuentan historias. Nuestra historia: la pasada, la presente y la futura. La cuentan con esmero, con soltura, intentando convencerme de que sólo con inventarte puedo sobrevivir. Pero no es cierto, no pueden conmigo. No me volverán loco. Tú existes, estás ahí, en alguna parte, al otro de esta niebla, al otro lado de cualquier niebla. Sólo debo ser paciente y seguir esperándote sin enloquecer.

Mis amigos me dicen que no me torture, que aparecerás -más tarde o más temprano- que te encontraré porque te busco. Yo me miro las manos mientras me hablan y las veo cada vez más viejas, más curtidas. Me pregunto si serán las que tú deseas que te toquen. Mis manos grandes y musculosas de otros tiempos ya no son lo que eran. Que sólo saben de ti por las veces que han acariciado las teclas de este mismo teclado, que sólo saben de ti por las veces que han guiado mis fantasías de ti hasta mi sexo. Mi sexo que ahora te saluda, erecto, preparado, dispuesto… Y sólo encuentra el calor de mi mano derecha, de mi cansada y vieja mano derecha, que la izquierda nunca me sirvió de mucho, aunque las teclas insistan en lo contrario.

Suena la misma música de siempre, la misma que siempre quise poner para nosotros, para bailar contigo, abrazándote por la cintura. Tu cintura, esa cadencia en mitad de un vientre, el tuyo, que iba a guarecer a todos nuestros hijos, el que iba a recibir el estallido de mi sexo cuando nuestros hijos –todos ellos- ya hubiesen existido. Ahí están ahora mis manos, en tu cintura. Ahí están hoy las dos, que ya no tengo alma para más homenajes que estas cuatro líneas que consigo robarle a las teclas.Y reviso mi vida sin ti, mi vida llena del deseo de ti, mi vida contigo, antes de que nada me obligue a parar, antes que nada –ni estas teclas desgraciadas- se de cuenta y deba parar y ya no quede tiempo ni para las dudas…

Si te encuentro, si aún hay tiempo para un nosotros, serás la que soñé que envejecería conmigo, con tus senos caídos, tu culo caído y tus piernas cansadas. ¿Me harías temblar aún? Reviso mis recuerdos. Pongo en orden mi memoria y no sé verte. ¿Habré llegado a conocerte y no te vi? ¿Es posible que -de entre todas a las que rechacé- alguna fueras tú?
¿Quién nos ha robado tantos momentos? Dime, ¿quién ha sido? Han sido las teclas, ¿verdad?